jueves, 12 de junio de 2008

Cayó la última esperanza de las feas

Ha sido el final de una situación que durante meses nos favorecía y nos daba cierta fuerza para continuar en la brecha. Ya no hay feas que abanderen nuestra causa. Bea se ha reconvertido a la causa de las bellas y mi corazón se tambalea. ¿Cómo pudo esa criatura que nos alentaba y daba energías a diario, dejarse modelar hasta lo imposible? Nunca lo hubiera creído. Esperaba que al menos ella tuviera la dignidad suficiente para dejarse enamorar por un Álvaro distinto.

Porque si a ella la quería un tipo como él, por qué, me decía yo a mí misma, no van a quererme a mí con aparato en los dientes, gafas de miope y una trenza defendida hasta sus últimas consecuencias. Porque ella me gustaba. Me gustaba su figura menuda y desvalida. Me gustaban sus faldas de rastrillo de segunda mano, sus rebecas de contrabando años cincuenta idénticas a las que mi madre compraba a los cambulloneros de Algeciras; sus zapatos de bibliotecaria arrinconada y huérfana. Era tan nuestra esa muchacha de las cuatro y media que su historia me mantuvo pegada durante meses a sus pasitos cortos de patito feo con la leve esperanza de que él la quisiera por ella misma porque esa era la prueba inequívoca de que las feas triunfaban, por fin, sobre las bellezas inverosímiles de las pasarelas de moda. Pero el domingo (no quise verlo, me negué a ver ese derrumbamiento de las feas de este país) le dieron pase a las feas de mi corazón, a todas aquellas con las que había compartido besos y mentiras de un novio de plástico pero atractivo, sin duda, gracias a que se atrevía a besar a nuestro icono y a meterse con él en la cama con gafas y todo (¡qué valor!).

Me sentí huérfana y desprotegida por unos guionistas de mierda que, probablemente, viven engañados por alguna guapa que no aguantaba más a una cosa como mi Bea triunfando sobre el mal y sobre todas las guapas del reino. O a lo mejor la cosa empezaba a salirse de madre y las feas habíamos empezado a tener razón y dar en el clavo de todo este asunto de la estética: que no hay que gastarse el dinero en cremas o en botox y sí en comprar más libros, por ejemplo, lo que suponía una crisis terrible en el comercio de cosméticos. O a la mejor es que realmente ser feo es un problema; que la inteligencia es un invento de los feos para sobrevivir y que las guapas siempre salen adelante
. Desde tiempo inmemorial. Excepto en Samoa que se privan por una gorda con bigote. Aquí, en occidente, las guapas nos ganan por goleada.

Elsa López

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1 Comments:

Blogger maria said...

y que te esperabas¿?

es lo que pasa cuando la bandera que se lleva es la de la fachada.

Es lo que todo el mundo estaba esperando, mas de 8 Millones de personas vieron el cambio ¿radical? de la protagonista.

nos vemos, petons i emocions

13/6/08 00:06  

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